¿Y las mujeres en la presidencia?

Escrito por: Laura Elena Delgado Andrews

México, un país en vías de desarrollo, después de más de 65 presidentes, ninguna mujer ha ocupado el cargo de guíar y liderar México; un país en vías de modernidad donde existe injusticia y discriminación política para todas las que quieran participar, encontrando poca representación femenina, así, utilizando como método de solución la toma de acciones legales.

Es curioso, en México vivimos una república representativa, democrática, laica y federal, tal como lo establece la CPEUM, reglamentando que cualquier ciudadano es capaz de competir por la presidencia. Sin embargo, existe la presencia de un patrón desde el inicio, donde siempre termina ganando un hombre el puesto tan aclamado: presidente de México.Entonces, ¿y las mujeres en la presidencia?

Hay diversos factores por los cuales no hemos tenido una mujer en el cargo, tales como la cultura, los partidos políticos, las malas estrategias, pero principalmente, el machismo, siendo una mancha enorme en la paridad de género mexicana, no sólo en el ámbito político-legal, sino en la cultura en sí.

La mujer en México tuvo la posibilidad de votar en 1953, donde incluía poder participar dentro de la política mexicana. Incluso, un dato interesante es que «en 1979 Griselda Álvarez se convirtió no sólo en la primera gobernadora de Colima, sino de todo el país.(INEGI, 2012). Es un poco tarde para dicha modernidad que tanto se aclamaba con los presidentes, ¿no? ¿O qué tal hablar de la primera candidata a la presidencia? Rosario Ibarra de Piedra, nominada cuatro veces al premio nobel y merecedora de la medalla Belisario Domínguez por su trabajo en el ámbito de los derechos humanos, es un gran ejemplo a seguir como activista de dicho sector. ¿Qué cambios hubiéramos tenido en México si en alguna de esas dos elecciones hubiera ganado? ¿Qué tanto hubiera cambiado? ¿Las violaciones diarias de derechos humanos hubiesen tenido diferentes impactos? ¿La representación de la mujer sería más fuerte?

La importancia de tener a mujeres como representantes y líderes legales, sociales y culturales forma parte relevante del cambio para todas las que sufren día con día de discriminación, rechazo o violencia, puesto que es una forma de defensa, de brindar justicia a las afectadas y de rendir cuentas. La mujer es discriminada por el simple hecho de ser mujer, a pesar de que sea igual de capaz que los hombres en inteligencia, fuerza, emociones u otros rubros. Su representación en la política ha sido mínima. Tan sólo han habido siete candidatas a la presidencia en la historia del país sin haber ganado ninguna. A la vez que en la Suprema Corte de Justicia durante el 2018, sólo se encontraban dos ministras y el resto de los 11 puestos los llenaban hombres. (S. Corona, 2018) 

Lo único que se escucha entre los ciudadanos cada vez que hay una candidata son susurros: “¿Cómo va a ser una mujer presidenta? Estás loca” “Esa mujer va a desmoronar el país” “¡Necesitamos votar por un hombre!” Se han vuelto comentarios hirientes escuchados desde la infancia. Cuando Josefina Vázquez Mota era candidata a la presidencia, la icónica cruz celeste en la palma de la mano era dibujada por niñas entusiasmadas con la posibilidad de que una mujer ocupara ese puesto reconocido mundialmente. Pero cada sexenio, cada promesa es rota conforme pasa más tiempo, y la desesperanza aumenta.

Sin embargo, no por ello se debe perder la fe, porque entre más mujeres se animen, se les refuerce y se les apoye, podremos pasar de cinco candidatos hombres y una mujer a algo más equitativo, aumentando la posibilidad de que una mujer nos gobierne. Porque la mujer es importante, es inteligente, apasionada, trabajadora, fuerte y hábil para hacer este trabajo de representación. Definitivamente si tuviéramos una mujer en la presidencia, se podrían presentar cambios positivos en todo el país.

Foto recuperada de Ideas de Izquierda


Laura Elena Delgado Andrews

Estudiante de la Licenciatura en Derecho en el Tecnológico de Monterrey

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